
La imagen de la Patagonia como territorio inhóspito se construyó a partir de cientos de relatos escritos principalmente por viajeros extranjeros. Pero ¿cómo es efectivamente la meseta cuando se la mira de cerca? ¿Cuántos animales arman nido entre las matas? ¿Qué dice el cielo cuando las nubes se tiñen de rosa? ¿Qué le pasa al cuerpo cuando camina a favor del viento?
La protagonista de esta novela vuelve al pueblo costero en el que nació con el objetivo de escribir su tesis sobre viajeros en la Patagonia, mientras su novio realiza un curso de varios meses en Islandia. Este regreso y el encuentro con distintos habitantes del balneario abrirán una serie de preguntas que, poco a poco, irán modificando su paisaje interno.

Una niña muy silenciosa arma su mochila de exploradora y emprende un viaje a través del arbusto más grande del jardín.
Lejos de las preguntas de mamá y papá, encuentra entre las ramas un mundo de animales con quienes se comunica sin tener que hablar.
¿Hay historias que se cuentan sin palabras? ¿Al mirar el mundo todos vemos lo mismo?


Subrayo las palabras que más se repiten en este libro: mar, ballenas, mamá. Con la cadencia del oleaje, que avanza y retrocede, que entrega y quita, que escupe y come, Pilar Cimadevilla persigue en estas páginas la corriente de la vida para entender en qué momento ocurren las cosas. ¿Cuándo lo transparente se hace visible? ¿Cuándo lo que aparenta inmóvil, agitado? Cuesta enfocar el movimiento, buscar más allá de lo inmediato. Pero así como las ballenas respiran a voluntad, la narradora de esta novela se resquebraja para sobrevivir y recoger, una y otra vez, con precisión poética, la luz que entra por la herida. (Adriana Riva)
¿Qué le pasa a una mujer cuando se vuelve madre de su propia madre? ¿Cómo se registra el deseo de gestar? ¿Cuál es su génesis? Estas preguntas sobre la maternidad en sus distintas formas atraviesan El mar avanza hacia sí mismo. La autora sigue a sus personajes con una curiosidad tierna que no juzga. Hay una especie de pureza en la manera de observar, tanto que la voz narrativa puede verse a sí misma como si su reflejo le generara extrañeza. La prosa de Pilar Cimedavilla está impregnada de una tristeza casi dulce, a medio camino entre el arrullo y el mantra. Una novela hipnótica y conmovedora que logra aislar algo de lo bello en medio del dolor. (Soledad Urquia)
HECHIZA (México, 2025)
Este libro es todo paisaje: en sus páginas aparecen caracoles, algas, huevos de tiburón, restos de castillos de arena que se desmoronan antes de que la mirada alcance a distinguir con nitidez sus bordes. La memoria también es un paisaje: imposible saber dónde empieza, dónde acaba. ¿Existe un dios que habite/únicamente esta geografía?, se pregunta Pilar Cimadevilla mientras nos lleva de la mano a recorrer el vasto territorio de una historia familiar muy suya, pero tan profundamente compartida, que se siente propia. ¿Es un lenguaje la luz? Sí. Como el agua, como la brisa. Este libro es todo mar: no olvides sacudirte la arena cuando cierres sus páginas. (Isabel Zapata)
Desde la contemplación, las fotografías y un ejercicio deliberado de traer al presente lo que ya no existe, la voz poética que recorre estas páginas se pregunta: ¿En qué parte del océano nace mi historia? Y con estos versos crea un lenguaje emocional inseparable de la piel del horizonte, aquel océano cambiante que se extiende hasta el puerto. La superficie es entonces un testigo de vivencias luminosas, entrañables, pero también de lo que no se alcanza a comprender y, sin embargo, se ama, pues conforma la historia personal. Mediante una geografía marítima, Pilar Cimadevilla deambula por los recuerdos familiares como quien busca un asidero, alguna tierra firme entre la marea, un abrigo que, a final de cuentas, la acerque al nombre de las cosas. (Andrea Muriel)


Querido mar:
desde el muelle
persigo el camino blanco
rastro de luna llena
sobre tu superficie
en plena noche
el horizonte también existe.
¿Es un lenguaje la luz?
Sentada en el borde
con las piernas colgando
escucho el coro de minerales
su llamado
entro con el cuerpo
así me sostenés
hasta borrar los límites
que seamos juntos otra cosa
ni vos ni yo
solo agua.
INDIGO (Málaga, España, 2021)
La foto tiene las puntas redoneadas. Mamá usa un mameluco rojo, un mechón de pelo barrido por el viento le tapa los ojos. De su boca emana la felicidad de estar entregándome un paisaje. Sentada sobre sus piernas, miro la arena mientras la furia, mientras la libertad de las olas golpea por primera vez en mi corazón.
Me despierta para que mire por la ventanilla. Pegada a los colores del sueño que acabo de abandonar, me enderezo en el asiento. "¿Ves las montañas? Bueno, lo blanco de arriba es nieve" ¿Cómo nieve si estamos en verano?, le pregunto. "En la cima hace tanto frío que no llega a descongelarse nunca, es eterna".